”Atraviesa Europa unas 16 veces al año. Suele tener un vuelo internacional cada 6 días. Y a pesar de su éxito musical en Francia y otros países europeos, e incluso, en África y Asia, no se cree una estrella, porque como explica, no es un producto del marketing, sino un artista que ‘apenas’ empieza y que se sentirá triunfador “el día que mi país me escuche, porque eso querrá decir que Colombia está escuchando sus propios valores”.
Bien es sabido que el salsero Yuri Buenaventura ha sido profeta, pero en otras tierras. Mientras en lugares como Francia, Dinamarca, Hungría, Polonia, La Polinesia, Túnez o Madagascar deliran por su música de esencia afrocolombiana, en su país sólo ha sonado su primer éxito: 'Ne me quitte pas'.
Sin embargo, eso no lo desvela. Sigue cosechando logros en el exterior con su orquesta de músicos colombianos y regresa regularmente a su Buenaventura natal, como lo hizo en estos días, para ver a su familia e impulsar un proyecto social: el muelle para los pescadores artesanales del Pacífico, que cuenta con el respaldo de la Comunidad Económica Europea.
Yuri, quien también participó en Cali en un conversatorio del pasado Festival Mundial de Salsa 'entonó' su historia :
¿Su nombre, por ser unisex, le ha traído desventuras?
Sí, sí. Una vez pasando por la calle oí que gritaban: 'Yuri, Yuri' y yo busqué con la mirada. Cuando de pronto supe qué pasaba: estaban llamando un perro para que echara para la casa. Es que en Buenaventura Yuri se llaman los perros (risas). Pero Yuri es un nombre ruso que significa Jorge y me bautizaron así en honor a Yuri Gagarin, el primer hombre que fue al espacio.
¿A qué se dedican sus papás?
Mi mamá es artesana y pintora del Pacífico. Mi papá es el director de la Asociación Nacional de Pescadores Artesanales de Colombia. Ya no pesca, pero sigue pescando sueños.
¿Qué recuerda tiene de las jornadas de pesca que hizo con su padre?
Que vi en esas pescas nocturnas de altamar cómo un pescador con su cuchillo en la boca se tiró en medio de la oscuridad de la noche a matar a pulso una bestia que iba a destruir la red.
¿Si le facilitaran una red sí sabría hoy pescar?
Una vez que íbamos de pesca me dijeron que yo matara un bufeo (primo del delfín que sirve de carnada) que iba pegado al barco. Cogí el arpón, me quedé mirándolo y me di cuenta de que no podía ser pescador porque no podía matarlo. Tirar la red, jalar los pescados lo puedo hacer, pero matar no soy capaz.
¿Qué es lo que más recuerda de esa época de infancia y adolescencia
en el Puerto?
Que uno anda sin camisa, sin zapato y que ese sol, ese viento, ese salitre que le pega a uno todo el día es una caricia constante de la naturaleza.
¿Sus amigos en Buenaventura siguen siendo los mismos?
Cuando voy al Puerto todavía vivo en el barrio donde me crié y en mi calle están mis amigos. Ahora comparto mucho con las 40 personas que hacen parte de mi staff, entre ellos mis doce músicos, todos colombianos.
¿Cómo fue interesándose usted en Francia?
Porque mi papá estudiaba francés en Buenaventura, escuchaba mucha música clásica, leía a Sartre y a otros escritores franceses y tuve un contacto con la francofonía desde niño. Vivíamos en una casita de madera y yo me acostaba en el piso mientras él estudiaba y me gustaba la musicalidad del francés.
¿Cuándo decidió marcharse de Buenaventura?
Estaba estudiando biología marina en Buenaventura y quise irme a Europa a prepararme para que no robaran más a la Sociedad de Pescadores Artesanales. Pero estando en la Sorbona en París, estudiando economía, me di cuenta de que lo que tenemos que aprender no es a administrar las riquezas de las cosas sino la de los seres humanos.
¿Cómo pudo irse a Francia?
Vendí una bicicleta, una moto y el tiquete lo saqué a crédito. La universidad era barata y hacía música en los vagones de los metros para pagarla.
Cuéntenos de esos tres años tocando en las calles de París.
Tenía 21 años, a esa edad eso es una aventura. En las mañanas era estudiante de economía y en las tardes y noches me iba a los vagones a encontrarme con la gente, con un bongó, un contrabajo, un saxofón, una guitarra y nos íbamos a los vagones a tocar. Era una gozadera.
Después me dediqué a pintar, como por tres años, me alejé de la gente, me desconecté de la universidad, de mi familia. Vivía con una escultora y yo pintaba, y tocaba la percusión y hacía coros en orquestas.
¿Fue víctima de racismo en Europa?
No, yo he recibido mucho amor en Europa y lo que he construido allá es por el espacio que me han abierto. El 97% de mi público es europeo, no es latino. Desde la universidad me ha ido bien. Mi relación con Europa es de amor y mucho agradecimiento.
¿Quién lo apadrinó allá?
El cantante panameño Camilo Azuquita, él me vio en los metros. Una vez estando en ese lugar, Tito Puente se sentó a mi lado y nos pusimos a hablar, yo no lo conocía, así que me imaginé estar hablando con cualquier viejito, nos demoramos como una hora.
Él había sido invitado por Azuquita a tocar en París. Luego Puente me dijo: ¿Dónde te puedo ubicar? Le di un número y después me llamó Camilo Azuquita, quien me llevó de corista y de bongocero y ahí empecé a entrar en la formación de mayores. Estando con Azuquita acompañamos a Tito Puente, a Alberto Santiago, a Chocolate Armentero, a músicos de jazz.
Pero el 'swiche' se prendió cuando, una vez, cantando con Niche, los salseros me decían que cantara y empecé a improvisar. Esa noche un anglocolombiano me ofreció grabar un disco, el cual hice en Colombia: Herencia Africana, allí estaba 'Ne me quitte pas'.
¿Su gran éxito no?
Acá sí, porque luego aquí no volví a ser escuchado, pero yo he hecho temas que Europa quizá, son más impactantes que ese. Por ejemplo, 'Salsa' que hizo parte de un filme de una familiar de Luis Buñuel, Joyce Buñuel. Ese impactó más que 'Ne me quitte pas'.
¿Qué pasa entonces que triunfa en Europa y aquí no?
Yo entendí que en Colombia hay que enmarcarse como un producto para que los medios se interesen. Tener jefes de prensa que estén informando sobre lo que hace el artista y yo no hago eso.
Paulo Coelho nos ha acreditado su nombre para proyectos artísticos y culturales en Europa; he tocado para líderes africanos, para reyes, para príncipes como Alberto de Mónaco, sé que si mando la foto con ellos eso sería noticia nacional.
Pero esas son cosas que hago y no las comunico, porque mi trabajo es cantar, yo funciono es en el arte, más en lo musical que en el mercadeo. Entonces trato de proteger mi arte siendo lo más cercano de la música que del consumo o la estrategia.
¿Cuántos años ya de carrera?
La orquesta existe hace nueve años y yo soy músico desde niño. Pero considero que no he empezado. Mi catálogo en Francia o en Europa vende más que todo el catálogo de salsa reunido: que el de Marc Anthony, Gilberto, Tony Vega, Guayacán, Niche, Óscar de León, Papo Luca, Boby Valentín. Todos ellos reunidos no venden lo que yo, pero no he empezado, porque yo llevo nueve años y Palmieri lleva 50 años en la música.
Y no hablo de cifras disqueras ni conquistas comerciales sino de arte. Por eso creo que empezaré el día que mi país me escuche, porque eso querrá decir que Colombia está escuchando sus propios valores.
¿Es de los que cree que hay que triunfar en el exterior para ser reconocido aquí?
El triunfo de alguien es cuando se está muriendo en la cama y dice me voy tranquilo. Un triunfador es Mozart que lleva siendo escuchado tres siglos. Yo nunca mediré logros como espacios conquistados, sino mirándome cómo estoy:
¿Me puedo sentar enfrente de Elton John o de Carlos Santana y no perder el rostro musicalmente? ¿Puedo sentarme enfrente de Oscar de León y sonreírle como sonero? ¿Sentarme delante de Rubén Blades como luchador de mi cultura? ¿Puedo mirar a un embolador en una esquina y sentir que sí soy salsero de él? Creo que así es que uno crece.
¿En Francia tiene su propia oficina?
Sí, la compañía se llama Caramba, tengo un socio francés que es mi ‘partner’. Él se encarga de la parte administrativa y yo de la música.
¿Cómo cuida su imagen de artista: gimnasio, cremas?
No la cuido. Sé que tengo que hacer deporte porque estoy llegando a los 40 y no lo practico. Pero pensándolo bien sí cuido mi imagen: subiéndome a la tarina a la hora, con músicos profesionales, a hacer música honesta y a entregar lo mejor.
¿Algún ritual antes de salir al escenario?
Oramos tomados de las manos todos, le entregamos ese concierto a Dios. Los domingos que andamos de gira hay una lectura bíblica en las tardes.
¿Cuáles son esos proyectos que está encaminando en favor de su pueblo natal?
Son proyectos sociales que se vuelven políticos porque hay que administrarlos. Es un muelle para los pescadores artesanales. Será un centro de acopio, donde también habrá una bolsa de la pesca: el pescador entrega su pescado y alguien defiende el precio. Estará en La Playita. El proyecto tiene el apoyo de la Comunidad Económica Europea, y el del gobernador Angelino Garzón, porque los terrenos son del Departamento.
Más adelante se construirá una escuela de música, una clínica. Hay muchos sueños alrededor del muelle.
¿Por qué participó en la Jornada de Paz organizada por el Gobernador el jueves?
Porque hago parte del gabinete del Valle, soy asesor cultural del gobernador, adhonorem.
Un “solterón”.
¿En su corazón manda una colombiana o una francesa?
Me gusta que mande una colombiana. Pero hoy no manda ninguna. No tengo novia.
¿Es fácil de abordar como pareja?
No, porque tengo prioridades: el trabajo, el arte. El hecho de manejar algo tan universal como el arte lo vuelve a uno como que no pertenece a un espacio ni a nadie. Tiene que ser alguien que se codifique en ese universo y que desde allí llegara a lo personal, pero eso requiere tiempo. Paso viajando, parece que no hay tiempo para una relación estable, pero eso llega cuando llega, así dice mi papá.
Pero ya hasta usted mismo se califica de solterón...
Sí, sí, es que ya voy llegando a los 40, y me preocupo por los niños, porque yo quiero un hogar, quiero hijos, eso debe ser muy bello, escribirle al amor desde allí.
¿Qué tipo de mujer lo puede llegar a atrapar?
La que se ha cuestionado durante su vida, la que no sobre expone sus senos, su físico, sino la que llega como un ser.
¿Estrategia de seducción?
Creo que no tengo ninguna.
¿Dónde está su sex apeal?
No, no, no tengo. Yo soy muy feito pa' eso (risas).
¿Es celoso?
No, me curaron de eso, fue una novia que me hablaba muy dulcecito, era muy musical su voz, entonces esa musicalidad me hacía creer que lo que me decía era verdad y dejé de ser celoso.
¿Y por qué llegó a ser celoso?
Porque venía de una tragedia tenaz, a los 17 años me estriparon el corazón. Duré así hasta hace poco, como hasta los 37.
¿Y perdona las infidelidades?
Sí, la perdono porque por lo regular uno no las ve.
¿Como hombre del Pacífico cree en los afrodisiacos?
Como afrodisiaco recurro a la fuerza de mi etnia, porque el afrodisiaco puede ser espiritual, no un bebedizo. Recurro a África, a esas ganas de vivir. El afrodisiaco es el amor. Pero a nivel de nutrición el borojó, el chontaduro, la piangua, que uno ha comido desde pelao, ayuda.
GUSTOS:
Ropa: Jean, camisetas y sandalias.
Accesorios: Manillitas de cuero, collares y escapularios antes que las cadenas de oro.
Bebida: Un ruso negro: vodka con licor de café.
Lectura: Los ensayos.
Perfume: Roger & Gallet.
Música: Jazz y música barroca.
Colecciona: Agrieras (risas).
Agüero: Le tengo agüero a sentir miedo.
Deporte: Ajedrez.
Reza: Oro todo el día.
Hobbie: Ver documentales.
Artista al que admire: A Dios: es pintor, músico, arquitecto, es el artista perfecto.
Fuente : el pais
|